Marzo 2009


Por: Holanda Castro

Sumario

Desde la teoría de los arquetipos del inconsciente colectivo nos llega la práctica de deslastrar el feminismo de un enfoque meramente intelectual y combinarlo con una acción del cuerpo, que honra la naturaleza y la tradición, con lo cual se trasciende hacia una vivencia holística que lleva a una ecología cultural. Los hombres no están exentos de esta necesidad que pareciera ser signo de los tiempos, y también se suman a la contracultural espiritual que conforma grupos de sanación (cultural y psíquica) en la búsqueda de menos violencia y mayor convivencia. Sobre esta reinvención de lo sagrado en lo moderno, trata el texto siguiente, inspirado por los rituales que hombres y mujeres practican para conectarse con sus dudas y avatares.

Espiritualidad y contracultura

Dioses y diosas son creaciones de los seres humanos. ¿Por qué creer lo contrario? Al menos en esa disyuntiva nos deja la teoría de los arquetipos del inconsciente colectivo que nos ha sido legada por el gran Carl Jung y sus continuadores y continuadoras, entre ellas las magistrales Toni Wolff y Jean Shinoda-Bolen.

La idea de portar el germen de la magia y la espiritualidad puede ser sumamente productiva y “revolucionaria”, especialmente desde el espacio de construcción de la resistencia a regímenes opresores, basados en valores, raza, sexo, condición social, etcétera. Como dice Jean Shinoda-Bolen en la entrevista realizada por Lila Forest para la revista In Context (2000), “la espiritualidad afectará la cultura”, y esto es especialmente representativo en algunos movimientos de mujeres que han ido más allá del feminismo académico e institucional para encontrar, al interior de sus “círculos de sanación”, una experiencia de recuperación de lo propio y conciencia de su ser en el mundo.

Por ello, esta autora expresa:

“Hay una pacífica revolución en marcha, un movimiento espiritual de la mujer… a través de los círculos de mujeres, de mujeres con capacidad sanadora… La forma misma del círculo es la encarnación de la sabiduría… En el círculo no existen jerarquías y eso es igualdad”.

La ritualización de la cotidianidad, el re-conocimiento de ciclos y el homenaje al cuerpo, son tres momentos de esa actividad. La sincronización consciente de ritmos internos con las fases lunares constituye un ejemplo muy visible. En el caso de la espiritualidad femenina, en muchas ocasiones –ciertamente propiciadas desde el poder opresivo la mayoría de ellas-, se relaciona biológicamente mujer y naturaleza, lo que da como resultado una tendencia ecofeminista de corte esencialista en la que esta relación es vital para promover un cambio político y cultural.

Los mitos antiguos, las diosas mitológicas, los cuentos tradicionales, son otras fuentes en las que abreva este movimiento. Es conocido el éxito de Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pínkola Estés, en el que se recupera la tradición oral promovida por mujeres de las culturas centroeuropeas, así como la re-visión del relato como camino iniciático para mujeres y hombres que lo escuchan.

El homenaje a la sangre y a los ciclos menstruales es otro gesto ritual que coloca la diferencia como lenguaje y discurso de la tendencia contracultural feminista. Así, en el giro de un ritual que podría observarse como ancestral, encontramos claves que conectan con las teorías postestructuralistas, no solo de la subjetividad, sino también de la acción política de las mujeres.

Lo cotidiano es mágico

Pero es tal vez en la ritualización de la cotidianidad donde la individua / el individuo de a pie, que puede pensar que debe conseguir un chamán o chamana para participar de estos círculos, puede hacer la diferencia y construir ese mundo de espiritualidad que, en una realidad signada por la violencia, la economía y la especialización de los discursos, resulta verdaderamente revolucionario.

La conciencia de hacer sagrada la rutina es, de hecho, un primer paso para que el ritual cobre la magnitud de experiencia contracultural y transcultural. Creo que esta naturaleza del ritual como algo centrado en lo ancestral y colectivo, además oculto y secreto, al mismo tiempo recupera lo heroico en nosotra/os, fortaleciendo la resistencia a esa estandarización.

Para las autoras junguianas, la sanación viene del intercambio, y eso es lo que permite la integración de la psique, metaforizado en la figura de la Gran Diosa, de la que una vez, según la leyenda dorada, surgieron la tríada y luego el panteón que ha podido reconocerse en distintas culturas alrededor del mundo. Es decir, nuestros arquetipos no son fijos e inmutables, pero tampoco son únicos: cuando los recorremos uno por uno, damos el paso hacia la individuación, hacia la integración psíquica que nos hace “fuertes y vulnerables” al mismo tiempo, que nos sanan.

Para ello, en muchos países se han creado los llamados círculos de sanación, que incluso empiezan a expandirse en la web como parte de un gesto cultural que necesita trascender fronteras de espacio y tiempo. En América Latina es emblemático el caso de Con-spirando, colectivo multicultural basado en Chile formado en 1992, cuya acción formativa, su revista y publicaciones gozan de gran prestigio, ya que constituyen los primeros órganos difusores de este conocimiento otro a través de firmas reconocidas de teólogas críticas y ecofeministas.

Cons-pirando forma anualmente mujeres alrededor de los países en prácticas rituales tendientes a restablecer el equilibrio de lo femenino dentro de un mundo patriarcal. Una declaración de principios acerca de estos rituales expresa su interés por:

  • “Sentirnos parte de la humanidad, la naturaleza inmersa en ese “algo más” que definimos de diversas maneras pero que de unas u otras formas se relacionan con nuestra trascendencia.
  • “Encontrarnos con otras semejantes que en la dinámica de cada ritual serán las que invitan o las invitadas a seguir una secuencia de acciones que nos llevará a todas a recomponernos en una acción co-participativa.
  • “Expresarnos oral, gestual, corporal e instintivamente dando salida a sentimientos y emociones que son movilizados por el ritual y/o respondiendo a la interpretación que a cada una se le provoca, producto de la experiencia personal.
  • “Comunicarnos con símbolos que dan un sentido a nuestra acción ritual y que son re-interpretaciones o construcciones de significados portadores de los valores y anhelos que queremos formen parte de nuestras relaciones en la realidad de nuetras vidas cotidianas.” (Extracto de artículo publicado en Revista Con-spirando nº1, 1992: Retomando las palabras, escrito por Josefina Hurtado)

Los círculos sanadores también entre hombres En su entrevista, Jean Shinoda-Bolen explica que el panteón occidental, fundamentalmente anclado en el greco-romano, puede dar material para reconocer en líneas generales las personalidades de la mujer actual. Sin embargo, los arquetipos masculinos son incompletos.

A pesar de la subsistencia de la violencia de género, no es menos cierto que muchos hombres han empezado a crear un espacio de paternidad y compromiso con el hogar que les es muy íntimo. Pues bien, los “padres” de la mitología clásica no son muy “paternales”, son guerreros, agresivos, violentos y temerosos de sus hijos, quienes compiten con ellos por el poder y les destrozan si resultan triunfadores, véanse los destinos de Cronos, Zeus y Urano, por ejemplo. De esta manera, los padres actuales no ven reflejo en estos arquetipos de sus realidades psíquicas y físicas.

Ha debido esperarse a la creación del Dios Cristo, muy posterior al panteón griego, para que entrara en el catálogo de arquetipos la imagen del hombre comprensivo, compasivo y heroico desde el amor. Esto prueba cómo la acepción bíblica “El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios” es un recurso retórico característico de las grandes obras literarias.

No en balde, el poeta Robert Bly ha llevado adelante el proyecto de crear círculos masculinos, en lo que él ha llamado “the expressive men’s movement”. Allí los hombres comparten desde sus secretos y dolores, así como desde la esperanza y la alegría, satisfechos de aislarse de las facetas que exige de ellos la cultura. Es su espacio para crear dioses y arquetipos a su imagen y semejanza, más cercanos a lo que es su vivencia actual, y conectados con lo que las nuevas compañeras aspiran en ellos. En ello se basa su libro Iron John, en cuya contraportada se puede leer:

“Bly observa que aún los jóvenes de esta época están ávidos de un padre y de un mentor. Sin embargo, mientras unos quedan estancados en la imagen del ‘hombre duro’, otros se debaten en eternas dudas sobre si mismos. Son aquellos que apenas pueden conservar lo que ya tienen y nunca desarrollarán plenamente su vida. A tales hombres Bly les ofrece un camino en el cual es preciso aprender a estar tristes: como la historia de Juan de Hierro lo demuestra, la tristeza abre la puerta de los sentimientos. Contrariamente a los que podría suponerse, esta búsqueda de la nueva masculinidad no echa culpas sobre las mujeres sino que honra lo femenino y lo requiere para trabajar en complementación. Este novedoso enfoque de Robert Bly propone la conjunción de una nueva y una antigua masculinidad adulta: una manera profunda, vital y sólida de ser hombre.”

Tomar el café mágicamente

Mi maestra en rituales comentaba durante nuestro (improvisado) ritual primaveral del 21 de marzo, que las rutinas que hacemos nuestras guardan parte de lo sagrado que hay en nosotra/os. Si bien el protocolo de la ceremonia del té en Japón lo reviste –junto con la ensoñadora matriz de opinión que se cierne sobre Oriente- de un misticismo inigualable, nuestros rituales de preparación del café, o del mate, deben ser valorados en el mismo sentido. La gran diferencia entre la rutina y el ritual es que en este último hacemos consciente nuestro deseo de metaforizar algo indecible, simbolizar lo ausente físicamente, pero que está en nuestra historia y nuestra crianza.

En el momento en que tomamos café, nos tomamos un tiempo con nosotras mismas, o con nuestros mejores compañeros o compañeras, en una práctica indiscutible del compartir. El cumpleaños, el día de la Mujer, el día del agua y otras efemérides, pueden llegar a verse, en este sentido, como pulsiones de esos rituales que nuestra psique nos pide recrear para animar la conciencia, y hacer posible una comunión con los tiempos y las necesidades humanas.

“Palabra de Mujer”, Diario de los Andes, 29 de marzo de 2009.

Por: Teresa Sosa

Sumario

En las novelas de Jean Rhys (1890-1979), nacida en Dominica, isla del Caribe anglosajón, una desplazada por el colonialismo que se residenció en Inglaterra cuando tenía 16 años, donde murió, las mujeres son las protagonistas, sin embargo, al ahondar en sus obras, nos vamos a encontrar que las mismas constituyen un estudio de la indefensión personal de los personajes femeninos principales en un mundo totalmente dominado por los hombres, detentores del poder que les confiere la capacidad de usar, rechazar e insultar a las mujeres. Rhys sabe captar perfectamente la actitud masculina y la actitud femenina “debida” como imperativo de la cultura, lo que aparece reflejado en las novelas Cuarteto (1928) y Después de dejar al señor Mackenzie (1930), de las cuales hacemos hoy un análisis sucinto, desde el género, de algunos de sus textos.

Simbología

En la escritura de Rhys el encierro de las mujeres de la tradición se sitúa en el ámbito del cuarto de hotel barato, éstos tienen las mismas características de los personajes protagonistas femeninos; estas habitaciones van adquiriendo extremada importancia y se les confieren características de pobreza y de mujeres en caída. Pero sobre todo, el cuarto es metáfora de segregación, exclusión social, veásmolo:

El número nueve era pequeño y muy frío. Había una cama de hierro, un anticuado palanganero con un cubo de lata para agua sucia, al lado, y un tocador con espejo que se mantenía en la inclinación precisa gracias a una cuña hecha con papel de periódico.

Otro símbolo común es el vestuario, estrechamente asociado con la identidad femenina en las novelas de Rhys y que la escritora usa insistentemente para comparar y examinar los papeles de las mujeres dentro de las jerarquías de la sociedad; el vestido es un símbolo en el contexto de clase, de sexo y de auto-dignidad social en las novelas de Rhys: “Al ponerse el sombrero, se miró al espejo. Se dijo: “He de comprarme ropa. Es lo primero que tengo que hacer”

En las novelas de Rhys las ropas, adquieren un valor exacerbado para las protagonistas, hasta el punto de vincular autoestima y respetabilidad al tipo de vestimenta que puedan permitirse adquirir, o llevar puesta, que implica alusión al valor de una mujer a través de sus ropas.

Cuarteto. Novela (1928)

La obra está estructurada en torno a dos relaciones amorosas de la protagonista Marya Zelly con dos hombres, Stephan Zelly y H. J. Heidler, esposo y amante, respectivamente, por protección que se torna en dependencia. La trama está ambientada en París, se desarrolla en el año 1922.

El espacio de Marya es la habitación del hotel en el que vive con su marido Stephan, de quien depende:

A los veinticuatro años imaginó con miedo que se estaba haciendo vieja. Luego, durante una etapa de desempleo que pasó en Londres, conoció a Monsieur Stephan Zelly.

Marya es avisada por la “patronne” del hotel que su esposo ha sido arrestado. Ella había perdido temporalmente a un protector y necesitaba otro, estaba a la deriva. Escucha el ofrecimiento de la pareja amiga Heidler de alojarla en su estudio.

Stephan persuade a Marya de aceptar el ofrecimiento de los Heidler. De esta manera él se desliga del compromiso de protección con su esposa, entregándola sin vacilación a su sucesor. Heidler es simplemente la prolongación del mandato masculino en la vida de Marya, que se traduce en la “naturalización” del control patriarcal, que goza de la aceptación de Stephan.

Analizando a Rhys nos percatamos de que ella concibe que este tipo de relaciones son parte de una construcción social que “naturaliza” y requiere de las mujeres su dependencia con respecto a los hombres, eso lo que con ironía Rhys nos da a entender en su ficción literaria.

La señora Heidler, subordinada al poder de su esposo, en la representación textual es mostrada por Rhys en alianza con el sobreentendido acuerdo masculino para la constitución de Marya como objeto sexual; adoptando así la señora Heidler, una perspectiva masculina en relación a otra mujer.

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Degas

Pero, captamos la señal que Rhys nos envía, para que nos percatemos de que la responsabilidad de la actitud de la señora Lois Heidler (la esposa) recae en el código social imperante, que impide que ella asuma su subordinación al poder del Heidler y su propia condición de mujer objeto.

Rhys nos da a entender que la mujer constituida como objeto tiene un precio, y éste es, el que el hombre le pone: “la obligaba a no ser más que la mujercita intentando vivir a la altura del concepto en que él la tenía”.

Finalmente, se produce el abandono de Marya por su amante Heidler. Ella recurre entonces a su marido, quien, libre ya de la cárcel, está decidido a reemprender su vida. Pero es también abandonada por éste cuando le confiesa su affaire con Heidler:

Debes creerte que soy Jesucristo –dijo Stephan riendo- ¿Cómo puedo ayudarte? ¡Qué tontas son las mujeres! Dejando aparte que sean unas bestias traidoras, hay que ver lo tontas que son. Desde luego, así es como las atrapan. ¡Desgraciada! Claro que eres una desgraciada.

Después de dejar al Señor Mackenzie. Novela (1930)

La trama se desarrolla en París y Londres, en una breve cronología entre 1929-1930. La protagonista de la novela, Julia Martin, es Marya Zelli, que se ha hecho más vieja y está más golpeada. Mujeres que han sido abandonadas por sus maridos (el título de esta novela sugiere que es la protagonista quien dejó al señor Mackenzie, pero sin negar que fue él quien la dejó).

La señal implícita que nos envía Rhys es que Mackenzie no es el primer hombre en la vida Julia, y que él no es diferente a sus numerosos anteriores predecesores, y que la debilidad emocional de Julia es más bien el legado de todos aquellos hombres que han precedido al señor Mackenzie: “Ahora Julia había cambiado. Estaba siempre cansada. Casi nunca pensaba en hombres o en amor”.

El señor Mackenzie reúne las características de los personajes masculinos de Rhys, asociadas al poder que les confiere su condición de hombres y su posición socio-económica preponderante: “El señor Mackenzie gozaba de desahogada posición económica, aunque no era un millonario. El señor Mackenzie había ganado lo suficiente para vivir.”

pdm-dom-22-marzo-2009-ilustracion-unicaEl señor Mackenzie abandona a Julia, le envía un cheque y le avisa que no le enviará más dinero. Ella aborda a Mackenzie en su restaurante favorito, le devuelve el dinero y le “arma un escándalo”. Rhys refleja en la representación a Mackenzie con una media sonrisa socarrona, es rostro que mira a Julia cuando “demuestra la actitud propia de la amante descartada” (que es así como la cultura patriarcal evaluaría la ira de Julia, porque cuando las mujeres se rebelan contra los hombres de forma directa, solamente consiguen confirmar los estereotipos machistas que definen a las mujeres como un ser histérico e incontrolable).

Contrario a los estereotipos, Rhys nos induce a pensar que la actitud de Julia es un despliegue de resistencia; que la reacción de su protagonista obedece a que ésta, está más consciente que lo usual, de su condición social de mujer, y que el altercado con Mackenzie en donde le devuelve el cheque, representa la confrontación entre sus valores personales y el sistema de valores de toda la sociedad patriarcal.

Cada hombre había significado un posible nuevo comienzo, una oportunidad de que ese tiempo pudiera ser diferente para Julia, aunque nunca lo era. Rhys muestra a la protagonista y sus desesperados intentos sólo para componer “sus” problemas y taparlos.

Rhys desea que nos demos cuenta como la tradición está equivocada, que nosotras/os mismos podemos incurrir en el error de evaluar romances extraviándolos en caminos favorables a los hombres.

Epílogo

jean_rhys_olderEn 1939, después de la publicación de su última novela, Rhys desapareció de la escena literaria y no se supo más de ella, hasta se la daba por muerta. Reaparece en 1966 con la publicación de su novela Ancho Mar de los Sargazos, considerada por la crítica literaria como su obra cumbre. Recibió tres galardones de la Academia Británica; en 1967 le otorgan el premio Arts Council of Great Britain Award for Writers, posteriormente el de la Royal Society Of Literature, y el CBE (Commander of the British Empire), por sus servicios a la literatura. Todo este reconocimiento tardío la alegró por la modesta seguridad económica que le dio, que le permitió vivir los últimos años de su vida sin las premuras económicas de las que no había escapado hasta ese momento durante toda su vida.

Palabra de Mujer. 22 de marzo de 2009. Diario de Los Andes. Trujillo.

Pueden revisarse las anteriores ediciones de Palabra de Mujer en Apalancar. Portal de Desarrollo Venezuela haciendo clic en este enlace.

Por la Emisora Cultural de Caracas, 97.7 fm, estaremos entrevistando a Félix Suazo, curador, antropólogo e investigador el domingo 22, de 5 a 6 pm. Se trata de una discusión sobre los espacios “oficiales” vs. los alternativos, arte y crisis, diferencias entre museología, museografía, curaduría… el primer programa de varios, dedicados a la temática. Como siempre, agradecemos sus comentarios.

Por: José Ramón Merentes*

(Por confrontar problemas con el site publicamos acá provisionalmente)

SUMARIO

pdm-dirEl género implica no solo un enfoque teórico sino una postura ética que obliga por sí misma a su consideración en cualquier análisis serio y sistemático de lo que llamamos “la realidad”; sea esta realidad social, económica, política, antropológica y aun cualquier aporte teórico sobre el mundo natural. Porque simplemente no se trata de “visibilizar lo femenino”, ya sea en el discurso o en el análisis, sino que es un método para llevar a cabo este análisis, esta aproximación desde una perspectiva relacional, lo cual implica una amplitud y un rigor mucho mayor que simplemente “enunciar todo desde lo femenino”.

¿QUÉ SE ENTIENDE POR GÉNERO?

Se trata de una palabra multívoca. Esto es, expresa y ha expresado muchos significados durante el tiempo que tenemos conociéndola y manejándola. Sin embargo, describamos el Género inicialmente como el enfoque que no solo “incluye” y “visibiliza” la existencia histórica y los aportes de las mujeres en el desarrollo social, sino que intenta superar la errónea idea de que la versión masculina de la realidad, a través del discurso androcéntrico, autoritario y opresor, es la única posible o la única aceptable.

En principio el género ha sido definido como una construcción cultural que determina las relaciones sociales entre los sexos formulando las normas y valores-filosóficos, políticos, religiosos, a partir de los cuales se establecen los criterios que permiten hablar de lo masculino y lo femenino. Se trata además, de unas relaciones de poder asimétricas, subordinadas, aunque susceptibles de ser modificadas en el transcurso del tiempo.

pdm-buhDesde 1984, cuando emerge con su mayor fuerza el enfoque o análisis de género en la política internacional a través de su inclusión como recomendación por parte de la Organización de las Naciones Unidas en las políticas y planes de desarrollo, éste se ha venido consolidando como una herramienta no solo útil sino imprescindible para entender nuestra realidad y comenzar a superarla con la esperanza de poder generar mejores condiciones de vida.

Hoy día es inconcebible cualquier abordaje que no se remita a las relaciones de género señalando cómo éstas permean todas las situaciones de la vida, de nuestra vida, y como generan también estructuras de poder excluyentes, abusivas y profundamente empobrecedoras de nuestra condicion como personas.

EL GÉNERO COMO PROPUESTA ÉTICA

En un primer momento, se refiere, a una serie de valores, ya muy bien conocidos y manejados en el discurso, pero que lamentablemente todavía no forman parte de nuestra forma de actuar en el día a día, de nuestra forma de llevar nuestras relaciones con las demás personas, sino que permanecen en el ámbito de “lo ideal”, de “lo deseable pero a largo, muy largo plazo”.

Cuando pretendemos interpretar al Género desde la Ética, lo hacemos con una inevitable consecuencia en mente: su confluencia e integración en un paradigma de análisis y de interpretación de los hechos que difícilmente pueda ser acusado de parcial o limitado, tanto en sus alcances como en sus posibilidades de aportar herramientas epistemológicas y práxicas (la praxis es cualquier practica coherente con la teoría que le sirve de soporte), útiles al progreso social.

¿CÓMO DARLE ESPECIFICIDAD A LA DIMENSIÓN ÉTICA DEL GÉNERO?

pdm-faldaLa Ética es el ejercicio supremo de la libertad. Tomemos por ejemplo el concepto de “igualdad”. Es obvio que si no se le interpreta en el sentido de “igualdad de género”, muy difícilmente pueda cumplir una función liberadora. Aun más, quizás esta expresión de “igualdad de género” puede ser todavía limitada.

Es posible hablar de “igualdad en el género”, perspectiva que incluye a la diversidad humana más allá de la dicotomía “varón/mujer” y considera la diversidad de géneros, identidades de género y orientaciones sexuales como un elemento legítimo e inseparable de nuestra especie. Pero sigue siendo la perspectiva de género ineludible en esa búsqueda de la equidad y de la representación idónea de la diversidad, de la amplitud de nuestra condicion en todas sus expresiones y dimensiones.

EL ANÁLISIS ÉTICO DE LOS ROLES DE GÉNERO

El aporte conceptual de Margaret Mead acerca de la construcción esencialmente cultural de los roles de género es fundamental para entender la historia no tanto como “lucha de clases”, sino como una lucha de géneros (sin negar que “sexo” ya está también modelado a partir del género, de modo que es mejor hablar de sistema de sexo-género). Entender esto es entender como ha sido posible la invisibilización absoluta de las mujeres del libreto de este planeta.

pdm-anv1El androcentrismo en el discurso público y privado es de tales dimensiones, ha invadido y dominado de tal manera nuestro lenguaje y nuestra realidad, que la aparición de las mujeres en su superficie ha provocado reacciones ciertamente intensas.

Son harto frecuentes los discursos defensivos de ciertos líderes públicos que responden a la exigencia de una mayor participación política de las mujeres, con afirmaciones tales como: “pero si ellas lo dominan todo”, “pero si ya están en todas partes”. Olvidando el pequeño detalle de que en cuanto a la ocupación de cargos públicos –de elección popular o por designación- son una minoría más que exigua. De inmediato aparece la afirmación consoladora “pero aquí están mucho mejor que en otras partes del mundo”.

LA DICOTOMÍA ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO

Cuando el análisis de género descubrió e hizo evidente la trampa contenida en esta división “natural”, contribuyó aun más a superar esa repartición ridícula de roles, que no tienen nada que ver con las aspiraciones, aptitudes, habilidades y proyectos de vida de las personas reales, mucho menos con sus derechos. “Lo personal es político” es una de las afirmaciones más poderosas, mas contundentes y con consecuencias más perdurables en nuestra historia como especie.

Entonces, los roles de género, desde una perspectiva estrictamente ética, no pueden ser más que determinados individualmente, nunca socialmente y menos desde el Estado o las religiones. Cada quien se autodefine en su relación con sus semejantes y define entonces los roles que decide cumplir.

La autodeterminación es un componente imprescindible de esta visión ética, así como el género lo es. Y esto tiene que ver, de nuevo, con el contenido de la libertad, la llamada “soberanía individual”, que incide en la autonomía de cada persona para tomar decisiones asertivas acerca de su propio destino y posición en medio de su entorno social, político e histórico. Estas afirmaciones causan escozor, mucho de incomodidad en nuestro entorno cultural, seudo religioso y con muchos elementos aún de tribalismo patriarcal (entre los cuales destaca el concepto de “Dios” como mistificación suprema de la condicion masculina, con toda su violencia y ansias de control).

Pero tampoco hay que olvidar la necesidad de legitimar el espacio doméstico como algo digno y deseable para cualquier persona, pues he aquí la trampa ideológica en la que se puede incurrir muy fácilmente si nos conformamos con la idea de que las mujeres simplemente tienen que irrumpir en el espacio publico, como si éste no fuera el de ellas y lo doméstico les fuese exclusivo.

pdm-nenaLa dicotomía entre lo público y lo privado debería tender al equilibrio de legitimación entre ambos espacios, asumiendo las normas compartidas. Lo doméstico puede ser –es- para cualquiera tan placentero e importante socialmente como lo público-político. Esta afirmación la hago consciente de la trampa ideológica del liderazgo androcentrista que respondería:”entonces ya está, valoramos tanto el rol doméstico de las mujeres como el rol que nosotros los varones debemos seguir cumpliendo en el espacio publico”.

Este riesgo se subsana simplemente con el compromiso de educar en y para la igualdad, que no uniformice, sino que respete las opciones individuales. Mi libertad de decidir el rol socialmente legítimo que quiero cumplir, es esencial en la comprensión del género como enfoque ético.

*Politólogo. Coordinador de Unión Afirmativa de Venezuela

Palabra de Mujer. 15 de marzo de 2009. Diario de Los Andes. Trujillo.
Pueden revisarse las anteriores ediciones de Palabra de Mujer en Apalancar. Portal de Desarrollo Venezuela haciendo clic en este enlace.

Vía Jorgeletralia, nos enteramos de la partida a México de la escritora venezolana Eleonora Requena, quien estuvo presente en la apertura del ciclo de escritoras latinoamericanas  de la Feria del Palacio de Minería.

Lea la nota completa acá.

Quien no conzca a la poetisa, es una buena oportunidad revisar su obra acá y en otros sitios de Internet que sin duda Google podrá poner a su disposición. Por ahora le dejamos “Te preguntas para qué has de escribir”:

te preguntas para qué has de escribir
si ante el libro de poemas predilecto
todas las palabras nombran lo que
tus sueños dibujaron

y estas pleno de imágenes ajenas

te conmueves con un mínimo sonido
el soplo de las cosas persistiendo
mientras entras en la tarde
y ya es imperativa tu renuncia
entonces entiendes que callar
es el poema

Fotografía cortesía de Letralia

Con su habitual agudeza, Juliana Boersner plantea los problemas de la identidad en la era de las redes sociales y nos comenta dos casos límites que se presentan en los actuales momentos:

Identidad “real” e identidad digital son dos términos cada vez menos ajenos a nuestra rutina cotidiana. El mundo virtual y el real se combinan y las fronteras entre uno y otro se difuminan gracias al uso de “teletransportadores” como el teléfono celular (más si se trata de los que te permiten estar conectado a la red 24 x 7 x 365 como el Blackberry), las cónsolas de video-juego (pienso especialmente en el Nintendo DS), el computador u ordenador personal y por supuesto, gracias también al uso de herramientas como el chat, el blogging, el microblogging y la participación en las comunidades o redes sociales como Facebook, MySpace y Hi5 por solo mencionar 3 de las más usadas. (Siga leyendo)

El tópico de las metamorfosis, desde Ovidio hasta Kafka, será repasado por los Profesores Luis Yslas y Rodrigo Blanco en la última edición de Relecturas. Y decimos será porque usted podrá escucharlo en cualquier momento si es que antes no ha seguido en vivo el programa que llevan en la Emisora Cultural de Caracas, todos los martes de 8 a 9 PM.

Descárguelo acá y lea más sobre el programa en su espacio.

Otros podcasts disponibles son Padres e Hijos y Releyendo el 2008.

Alexandra Millán enfoca su análisis en una serie de organizaciones de trabajo humanitario, para reconocer su esfuerzo y su valor:

En esta oportunidad haré un reconocimiento a varias organizaciones en Venezuela que hacen una extraordinaria Labor Social, obras que vienen de manos de seres capaces de comprometerse con la gente, que dejan huellas de amor, de fraternidad, de hermandad y solidaridad, son obras de un autentico renacimiento humano. (Lea más)